¿Se abaratan los libros o se empobrecen los mundos?
*Por Guillermo Gerardo García (Licenciado en Comunicación Social)
El servicio, conocimiento y las propuestas culturales de los libreros, se ven amenazadas por la derogación de la Ley que protege el valor único de los libros. En nombre del libre mercado, se busca estimular una competencia voraz, insensible y desproporcionada.
La Ley 25.542, de Defensa de Actividad Librera, fue sancionada durante el espeso clima social, que reinaba en la Argentina a fines del año 2001. Su propósito, fue poner en valor a las pequeñas librerías azotadas por la fuerte crisis de la época. Muchas de ellas, a instancias de caer derrotadas ante las grandes cadenas. El objetivo, además, fue reivindicar el valor cultural del libro, dictaminando un valor único para todos los ejemplares nuevos que se comercialicen dentro del territorio nacional. La normativa, tuvo como eje, garantizar la circulación de diferentes escritores y editoriales independientes, frente al asedio de las grandes corporaciones. El fin, dotar a las librerías de una mayor bibliodiversidad editorial. La derogación de la Ley, pone en riesgo la continuidad comercial de libreros y editoriales independientes, qué ante una falta de reglamentación que los proteja, las condiciones, se presentarán desiguales en lo que refiere a la venta de los mismos. La pérdida, no sólo incluye al librero, sino también, al barrio, al pueblo o a la pequeña ciudad. El lector, quedará imposibilitado de poder acceder a la variada oferta cultural, que desde el 2001, se sostienen en repisas, tarimas y fundamentalmente, en el personal a cargo de una Librería.
El librero, como vector de la imprenta y el libro
El orfebre alemán, Johannes Gutenberg, en el año 1450, tras años de investigación, inventa la imprenta, un sistema para fabricar libros de forma mecánica, de ésta manera, los libros dejaron de ser transcripto, para pasar a ser editados de forma masiva. Tres siglos más tarde, de la mano de los jesuitas llegaría dicha tecnología al virreinato del Río de la Plata.
Desde entonces, perfeccionándose con el correr del tiempo, la imprenta, nos acompaña hasta la actualidad con múltiples y variadas propuestas, que van desde impresiones de diarios, revistas, juegos, libros y todo aquello que esté atravesado por papel, tinta y una paleta de colores.
La primera librería del país, se fundó en la ciudad de Bs As en el año 1785, actualmente sigue funcionando y se llama “Librería de Ávila”, de aquella época a la actualidad, existen en todo el territorio Nacional según la Cámara Argentina del libro, más de 1200 librerías independientes, convirtiéndose en el país con mayor cantidad de toda América Latina.
Todas las generaciones a partir del siglo XIX fueron atravesadas en la instancia formativa, de aprendizaje u ocio, por un papel impreso. El libro- a pesar del advenimiento de la tecnología digital, dónde el e-book supo conquistar a un sector abreviado de lectores sigue sosteniendo al sector librero, dónde los lectores validan a través de su compra, la existencia de cada una de ellas. No cambian, el olor a tinta y a papel, por la cómoda portabilidad de un e-readers, como tampoco la posibilidad sensitiva que se despierta a través del tacto, que establece su peso, el gramaje de sus páginas y la enorme satisfacción de marcar con lápiz lo primario en una sintaxis. ¿Pensamos alguna vez, si la figura del librero no existiera quién podría recomendar nuestras lecturas?
El libro como llave de la historia
Un libro, ofrece mucho más que un aprendizaje o un saber determinado. Expone de manera explícita la posibilidad de salir de las jaulas mentales y viajar a través de una asociación libre a diferentes lugares. Las novelas, son ejemplos de ellos, te conectan con reminiscencias de la niñez, idealizan un modo de vida que imaginamos para un futuro, te sumergen a la realidad, a partir de un escrito narrado hace 100 años, Hermann Hesse, George Orwell, en sus obras, el Lobo Estepario, y 1984, lo demuestran. En lo referente, a la novela histórica como género, Pacho ODonell, en su libro La gran Epopeya, nos cuenta sobre un pasado, dónde la resistencia y lucha encarnada por el máximo jefe del Estado, Juan Manuel de Rosas, enfrenta a las potencias anglo-francesas, demostrado la hidalguía de esos valientes Federales que dejaron su vida por la soberanía. Pensar en el futuro, sin admirar ese pasado plagado de valores, nos obliga a que, en el presente, esa cruenta historia, se repita como síntoma. El revisionismo histórico de José María Rosa, el cuál interpela y cuestiona lo que contaron como verdad, Mitre y Sarmiento. Aquellos, como Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, quiénes con su puño expresaron las ideas del pensamiento Nacional, y la importancia de defender nuestros recursos contra los intereses foráneos, aliados en muchos casos con los genuflexos gobernantes argentinos. Otros, como Rodolfo Walsh, que, a partir de su denuncia, ilumina a aquellos que, en su profesión de periodistas, con opinión, ponen el cuerpo por la causa. Osvaldo Bayer, que resucita al mayor genocidio al pueblo indígena y pone en palabras el grito de auxilio en el fusilamiento a los peones rurales, que lo único que exigían, eran mejoras en su condición de trabajo. La ficción, signada por ese mundo irreal pero que pesa y lastima, como éste, donde con tinta, Roberto Arlt, reflejaba en Silvio Astier, al antihéroe, que no se distancia del ciudadano de a pie, de hoy día, dónde se siente sólo, desprovisto de recursos, y la idea de un futuro con necesidades básicas cubiertas, se inscribe en lo idílico. Son los escritores, las editoriales y finalmente los libreros los que estimulan el descubrimiento a partir de la lectura, convirtiendo a la biblioteca del hogar en un boticario al servicio del enfermo. Dónde, no siempre necesitamos lo mismo. Según el día, el estado de ánimo y el propio interés, el libro, nos da ese abrazo emocional, nos ayuda desde su tinta a sanar nuestra herida, nos protege con su marco de imprentas mayúsculas, del agobiante mundo exterior.
El trasfondo de la potencial derogación de la Ley de protección Librera
El dispositivo a base de papel, que adorna nuestros ambientes, no se puede pensar de manera disociada de quién con su tiempo, capacidad, servicio y creatividad te invitan mediante la sugerente opinión, a que puedas descubrirlos. Son ellos, los libreros, a los que la Ley, les ampara su bien más preciado, el libro, infundiendo un precio inalterable en todo el territorio nacional. Además, esta reglamentación, rige en países como Francia, España, Italia, Portugal, Japón y Corea del Sur. ¿Porque el gobierno quiere derogar la Ley, de un sector comercial que no presenta fisuras ni quejas? La respuesta es muy simple y está al alcance de todos, la derogación de la Ley, beneficia a las grandes cadenas, supermercados y plataformas digitales, como Amazon, cuando aterrice en el país. Mientras tanto, ¿Cómo se logra el cierre de las librerías de cercanía? Una vez derogada la Ley, se termina la sana competencia. Con un precio diferencial, los empresarios con mayor respaldo, fijarán un precio dumping (vender por debajo de los costos). Es necesario mencionar, que prácticas similares a ésta se dieron en Inglaterra, en el año 1995, dónde se puso fin al acuerdo Net Book Agrement, que fijaba el precio de los libros, el resultado fue impactante, al cabo de dos décadas se perdieron el 50 % de librerías y de pequeñas editoriales.
De esta forma, el gobierno en nombre del libre mercado, favorecerá al lector permitiéndole que éste, adquiera su ejemplar a un costo con porcentajes de descuentos, según el oferente. Cuando el exterminio del librero y de editoriales independientes sea visible, nacerá el monopolio, que con sus reglas voraces, dejará al lector sin demasiadas alternativas, para ese entonces, el foco del Estado será otro.
Intentan, mediante su aparato mediático y siniestros personajes que se pasean por los medios, instalar la idea de que comprar un libro, es oneroso y prohibitivo. Mientras, que quiénes ponen el precio son las editoriales y no las librerías, que su diferencial está en aconsejar y difundir a través de presentaciones de libros y eventos culturales. Si el problema son los altos costos, desde el fangoso terreno de la duda, pregunto ¿Las carnicerías y supermercados, correrán la misma suerte?
Lo prohibitivo, está muy lejos de la agenda que plantean los plutócratas que crecieron con necesidades básicas cubiertas y rodeados de inmorales bienes materiales al servicio del capricho. Sus necesidades, no se constituyen con sensibilidad y amor, su materia prima, es la crueldad y el cinismo. Siempre miraron hacia adentro de ese cúmulo de palmeras, muros o alambres electrificados que los separa, de la otredad proletaria, que le hizo crecer sus infinitas y volumétricas fortunas. Pensar en el lector y no en el librero, en un país que desde que lo gobiernan, llevan cerradas 22.000 pymes y más de 400.000 puestos de trabajos perdidos, no es otra cosa que, beneficiar a los sectores del círculo rojo y correr el foco en nombre del beneficio, para omitir reconocer que el conflicto real es la falta de trabajo, la disminución de ingresos, la precariedad laboral y el descentramiento sistemático del rol del Estado.
Fede
Juju, impecable. Desde otro lugar creo q hay un cinismo aún mas siniestro.. y es quitarle al pueblo la posibilidad de leer, desmembrarlo de cultura. Gracias Guillo