La vaca es ajena
*Por German Mangione
El petróleo crudo se consolidó como el principal producto de exportación de la Argentina, desplazando a la harina y los pellets de soja, que habían liderado ese ranking un año antes. Vaca Muerta es la nueva meca del futuro argentino. Pero la pregunta sigue siendo la misma que para el boom sojero: ¿Alcanza para todos?
Son las siete de la mañana y, en las inmediaciones de Añelo, un pequeño pueblo del norte neuquino, los embotellamientos se parecen bastante a los que pueden verse en localidades santafesinas como La Rivera durante la cosecha gruesa. Pero aquí, a diferencia de los camiones cargados de cereal que bloquean las rutas santafesinas, lo que se amontona uno detrás de otro en una larga fila blanca son camionetas 4×4 y utilitarios de pasajeros. Adentro viajan los trabajadores que comienzan su jornada rumbo a los campos petroleros, donde la extracción de petróleo y gas no convencional convoca a miles de personas llegadas desde distintos puntos del país, atraídas por la promesa de un trabajo bien pago.
La comparación entre el complejo petrolero argentino y el complejo agroexportador no es caprichosa ni responde solamente a que el viaje me llevó geográficamente de uno a otro. Hay, detrás de esa asociación, una razón más profunda nacida del modelo económico actual en la argentina: el extractivismo neocolonial.
Es que ambos complejos, al que podría sumársele el minero, son hoy los que encabezan varios rankings en la Argentina. Por empezar el de las exportaciones.
Nos encontramos en un momento especial del mundo, donde los factores de guerra y la multipolaridad belicista marcan la cancha. En el caso petrolero el crecimiento de la oferta de crudo argentino, generado gracias a Vaca Muerta coincidió con un cambio en el mercado global. El cierre del estrecho de Ormuz, tras el estallido del conflicto iniciado por Estados Unidos, Israel contra Irán a fines de febrero, provocó, según la Agencia Internacional de la Energía, la mayor interrupción de suministro petrolero de la historia.
Ante ese escenario, los refinadores de Japón, Corea del Sur, China y el Sudeste Asiático buscaron proveedores alternativos, y el crudo argentino apareció como una opción. Entre enero y agosto, Estados Unidos se mantuvo como principal comprador, con el 33,6% del valor exportado (USD 2.229 millones), seguido por Chile, con el 21,7% (USD 1.439 millones).
En el caso de la agroexportación el enfrentamiento de China con Estados Unidos y las políticas de desacople de proveedores, lograron que las exportaciones argentinas a China crecieron 59,1% en el primer semestre de 2026 concentrándose en productos primarios, agroindustriales y mineros.
Durante junio, tres mercaderías explicaron cerca de dos tercios de las ventas al mercado asiático: porotos de soja, carbonato de litio y carne bovina congelada.
El mundo en guerra necesita comida, minerales y energía. Y nuestro país los produce.
Argentina, un país ¿privilegiado?
Para exportar los países deben tener una condición, que, aunque nos resulta natural no tienen todos los países del mundo: saldo exportable. Deben producir (o extraer para ser más justos en nuestro caso) una cantidad de algo y que, luego de cubiertas las necesidades internas del bien, quede para exportar. No todos los países pueden, como la Argentina, tener la posibilidad, por ejemplo, de producir proteína vegetal para alimentar a 400 millones de personas, o de llegar como en el caso del petróleo a la producción de 1 millón de barriles diarios, cuando el consumo interno se calcula entre 520.000 a 530.000 barriles/día
La producción de petróleo alcanzó un nuevo máximo histórico de 973,7 mil barriles diarios en septiembre, un 15,5% más que un año atrás, según informó la Secretaría de Energía, mientras que la producción de gas fue de 143,1 millones de metros cúbicos por día (MMm³/día) el mes pasado, un 3,2% más que en septiembre de 2025, según información oficial.
De esta cifra Vaca Muerta aporta cerca de 670.000 barriles de crudo diarios, el 71% del total nacional, contra el 64% de un año antes. La formación neuquina multiplicó por 11 su volumen respecto de 2018.
Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) este año será el de mayor extracción de crudo de la historia alcanzando los 54,5 millones de metros cúbicos de producción de crudo, un 16% más que en 2025 y un 11% por encima del anterior pico, registrado en 1998.
Pero todos estos récords tienen una sola dirección: el exterior. Durante el 1° semestre 2026 el petróleo fue el producto más exportado por un valor total FOB de M USD 4.693 representando el 9,5% del total de las exportaciones del país
Las exportaciones de petróleo en el período ene-jun 2026 alcanzaron los M USD 4.693 ocupando la primera posición en el ranking de productos exportados por el país y representando el 9,5% del total exportado.
Como señalábamos al comienzo, otra de las similitudes con el complejo agroexportador aparece en la composición de las exportaciones argentinas. Detrás del sector energético, el complejo agroindustrial ocupa el segundo lugar, con un 23,2%, mientras que el oro y el litio completan el catálogo de productos estrella de una economía cada vez más orientada a la explotación y exportación de recursos naturales. Un modelo que, bajo la promesa de atraer inversiones y generar divisas, encuentra en los beneficios fiscales y en el RIGI uno de sus principales instrumentos de promoción para el capital extranjero.
¿Y acá? Mientras tanto el gran Rosario, desde donde sales las exportaciones agrarias encabezo el mes pasado el ranking de la de la desocupación nacional y en Neuquén, el mismo gremio petrolero advierte que dejen de hablar del “derrame” que eso les llega a unos poquitos. Pero el tema lo vamos a desarrollar más adelante. Sigamos viaje.
Argentina produce y exporta ¿Argentina produce y exporta?
Es común decir que Argentina produce y exporta tal cosa, pero cuando ponemos la lupa sobre las empresas que se encargan de la tarea (y que después obviamente se quedan con la renta) decir que es la Argentina es más que cuestionable en una economía cada vez más extranjerizada. Y esa condición también la comparten los principales complejos exportadores.
Al igual que en el complejo agroexportador donde el 80 por ciento del comercio exterior lo manejan empresas extranjeras, en su mayoría estadounidenses (Cargill, Bunge, ADM, etc.) en el caso de la explotación petrolera sucede algo similar.
Con una diferencia no menor. Argentina en el año 2012 recuperó el 51% de las acciones de YPF, por lo que no quedó totalmente afuera del negocio como en el caso de los puertos santafesinos donde no tiene la menor incidencia.
En este boom petrolero las ganancias no derraman igual para adentro que para afuera. Según un estudio del Movimiento de Recuperación del Petróleo de Neuquén las empresas operadoras se quedan con el 55% de la renta del petróleo después sacados los costos.

Y cuando vamos a la propiedad de las empresas lo que encontramos es que, si bien YPF lidera el ranking, las empresas privadas tienen casi el 70% de Vaca Muerta. Considerando que el Estado tiene el 51% de YPF no nos equivocamos en decir que “la Argentina” maneja apenas el 15% del nuevo boom petrolero.

Una tercera dimensión de este análisis nos lleva necesariamente al terreno de la geopolítica. Porque, además de preguntarnos qué se extrae, cuánto se exporta y quiénes se benefician, conviene detenerse en otra pregunta: ¿de dónde provienen las empresas que hoy participan del control y la explotación de una de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo, ubicada en el sur de nuestro país? No hace falta ser un especialista en geopolítica para anticipar la respuesta. Probablemente, muchos ya estén pensando en la potencia que ejerce la hegemonía política, económica y militar sobre nuestro continente. Y no le van a errar: Estados Unidos.

Por eso es tan difícil decir que Argentina exporta y aprovecha plenamente el boom del petróleo. Incluso cuando observamos el desarrollo del sector, y las perspectivas cuesta entender (como en el resto de los complejos extractivos) la necesidad de regalarles el RIGI y esa catarata de beneficios. ¿Acaso estas empresas se perderían la negoción de Vaca Muerta, del litio, o de la soja argentina sin los superbeneficios que les regalo el gobierno de Milei?
Cualquiera con un mínimo conocimiento de economía y de geopolítica entiende que esas empresas necesitan lo que Argentina tiene y no al revés. Lo que es innegable es que las empresas extranjeras están aprovechando todos esos beneficios.
El sector de petróleo y gas consolidó un récord histórico al liderar el giro de dividendos al exterior en 2026, alcanzando los USD 811 millones únicamente en el primer semestre del año. Este flujo masivo se reactivó tras casi siete años de restricciones cambiarias gracias a la flexibilización normativa implementada por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) mediante la Comunicación “A” 8226, la cual habilitó el acceso al mercado oficial para las ganancias generadas a partir de los ejercicios iniciados en 2025.
Se giraron al exterior la mayor cantidad de dólares por dividendo de los últimos 15 años. Un verdadero “dolardoructo”, que siguen por detrás las agroexportadoras y mineras extranjeras.
Pero la pregunta sigue siendo si estos records que se imprimen en letra de molde semana a semana en la prensa argentina derraman sus beneficios sobre las mayorías argentinas. En Neuquén, por lo menos, esta pregunta empieza a ocupar la discusión pública.
¿Y el derrame? ¿Y Candela? ¿Y la vaca?
Como había hecho hace algunas semanas el ex ministro de Hacienda y expresidente del Banco Central (BCRA) de Macri, Alfonso Prat-Gay, volvió a abrir un duro debate con el Gobierno, las autoridades de Neuquén y el presidente de YPF al sostener en una publicación de la red social X que el fuerte crecimiento de Vaca Muerta todavía derrama en el resto de la economía argentina: “La información oficial de Indec confirma lo que todos los argentinos perciben, pero las autoridades no terminan de aceptar: que el boom del petróleo no arrastra todavía al resto de la economía”.
Algo similar había hecho un mes atrás en el streaming económico Ahora Play, generando la respuesta incluso del gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, quien le respondió diciendo ““No comparto en absoluto tus apreciaciones desde el Obelisco”.
Pero las apreciaciones del ex funcionario macristas no son las únicas que pueden escucharse en Vaca Muerta cuestionando el supuesto derrame.
Marcelo Rucci, es el secretario del sindicato de Petroleros Privados de la provincia, y en la misma semana que Prat Gay anduvo de gira por Neuquén y haciendo declaraciones, el sindicalista expuso en varios medios que el supuesto furor del trabajo en la zona petrolera, que llego a hacer decir a Federico Sturzenegger que había que llevar a un millón de trabajadores a la región, no es como lo pintan, por lo menos para los neuquinos.
“Tenemos muchísimos desocupados en la provincia y encima hay empresas de servicio que atropellan, hablando de traer trabajadores y empresas de otros lados, cuando acá hay gente con necesidad de trabajo”, afirmo Rucci
El dirigente de los petroleros también cuestiono no solo que no haya derrame para los trabajadores neuquinos, sino tampoco para las pequeñas y medianas empresas. “El primer y el segundo anillo son los que se llevan el 80% del derrame de Vaca Muerta, y la mayoría son empresas multinacionales”, asegura el petrolero quien agrega que el tercer anillo las pymes regionales compuestas por talleres metalmecánicos, empresas de transporte y prestadores locales apenas disputan un 20% o 25% del negocio total, ahogados por plazos y tarifas impuestas, y es ahí donde “está la gran mayoría de la gente”.

Las penas más nuestras que nunca
Si hay algo que pude observar en mi viaje a Vaca Muerta, similar a lo que sucede en nuestro complejo agroexportador del gran Rosario, es que mientras la rentabilidad viaja hacia casas matrices y centros financieros externos, las ciudades de la región (del Alto Valle y de nuestra zona) absorben el impacto negativo de la actividad.
Rutas destruidas y saturadas, como las rutas 22 y 151 que soportan el tránsito pesado constante de arenas y cargas pesadas sin obras de infraestructura acordes.
El medio ambiente vive, en estas regiones, bajo ataque constante transformándose en un costo más. Comunidades de la región cuentan como tienen problemas con la provisión de agua, con los sismos que provoca el fraking destruyendo sus viviendas, o la muerte de los animales por el desmoronamiento de piedras sobre sus corrales.
La magnitud de la producción de residuos es tal que la ministra de Ambiente provincial, Leticia Esteves, en el congreso “Vaca Muerta insights 2025” explicó que la explotación petrolera sin inversión de reducción de residuos genera “zonas de sacrificio”, tierras que no podrán usarse para ninguna otra cosa por lo que es indispensable que las empresas inviertan del mismo modo que lo hacen en la exploración y explotación también en la gestión y reducción de residuos.
El propio ministro de Energía de Neuquén, Gustavo Medele, ha admitido que el volumen de lodos, agua de retorno y recortes de perforación se incrementa día a día, reconociendo que hacen falta de forma urgente más empresas que se dediquen a procesar estos residuos para poder acompañar la escala de la actividad
Ni siquiera los alto sueldos petroleros son una solución para sopesar tantas penas. La llamada inflación petrolera (o su equivalente en nuestra región a la inflación aceitera) empuja el precio de alquileres, terrenos y alimentos, haciendo que se dispare a valores del hidrocarburo, asfixiando al comerciante, al docente y al trabajador frutícola tradicional.
Y por supuesto otro castigo común es la inseguridad laboral, provocada por gran cantidad de accidentes laborales en las plantas industriales y de extracción, así como de accidentes viales ante rutas colapsadas y condiciones de trabajo precarias.
Los trabajadores petroleros, muchos de ellos jóvenes que vienen desde el resto del país a intentar hacer una diferencia con los altos salarios, terminan en la soledad y las condiciones extremas de trabajo con problemas de consumos problemáticos o adicción a los casinos online.
Sigue vigente la palabra del querido y admirado Don Ata: “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”
Un glorioso pasado común, un futuro distinto posible.
¿Tienen que ser una condena para la Argentina su riqueza? A veces al repasar lo que vive hoy la mayoría del pueblo argentino en medio de los records de producción y exportación de riquezas como los actuales nos queda esa sensación: que nuestras riquezas son más una condena que una posibilidad, y es difícil pensar otra perspectiva de futuro con el rumbo actual que no sea la de unos pocos, y extranjeros, disfrutando los beneficios de nuestra patria mientras crece el sufrimiento de las grandes mayorías.
Sin embargo, a veces, quizás convenga mirar hacia atrás para planificar hacia adelante. No como ejercicio nostálgico, sino como impulso. Porque pudimos, podemos, sería una buena consigna.
Tanto la explotación petrolera como la producción agrícola tienen en nuestra historia ese doble carácter de arma de sometimiento en manos de intereses extranjeros y sus personaros locales, pero también de herramientas de desarrollo e independencia en algunas etapas en las que esas riquezas y capacidades estuvieron al servicio del desarrollo soberano y colectivo.
Conocer e investigar las posibilidades de desarrollo que generaron, por ejemplo, YPF y el IAPI serían un buen comienzo, y un buen material para otra nota.
Tenemos todos los recursos y los podemos usar para desarrollar la Argentina o dilapidarlos en la fuga que proponen las potencias extranjeras.
En el caso petrolero podemos encarar caminos como el de Noruega, con la creación de uno de los fondos de reserva de dólares más grande del mundo a partir de controlar su renta petrolera o el del enclave colonial de Nigeria o Angola, donde el petróleo y la riqueza brota hacia afuera mientras el pueblo mira sumido en la pobreza con la ñata contra el vidrio.
Lo que está claro es que Argentina no tiene posibilidades de un futuro próspero sino puede decir sobre sus riquezas, sino puede administrarlas. Es casi imposible imaginar un futuro mejor, sin imaginar primero una Argentina sin soberanía.



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