Por Lucia Toncovich*
¿Cuánto daño puede causar una mentira sobre el pasado de nuestro país contado en televisión? ¿Que valar tiene la verdad en medio de la marea de sobreinformación? ¿Que rol podemos tener los docentes?
Hace unas semanas, escucho en un programa periodístico de la televisión lo siguiente:
“¿Cómo terminaron los gobiernos no peronistas en los últimos setenta años? Muy mal. Pensá conmigo, pensá esto. Primero, 1955, Arturo Illia, volteado. Sigamos, 1966 Arturo Frondizi, volteado. Sigamos, 1989 Raúl Alfonsín, volteado“. “Sigamos, 2001, Fernando de la Rua, volteado. Sigamos, 2019, Mauricio Macri, intentaron voltearlo, estuvieron cerca. Conclusión, el peronismo no aguanta, no aguanta estar mucho tiempo afuera del poder. Señores, señoras, se ha activado el modo helicóptero”
Podemos preguntarnos qué hacía Arturo Illia en 1955. ¿Estaba siendo “volteado”? ¿El peronismo estaba volteando a Arturo Illia? ¿Qué pasa si la gente se entera que en el 55 el que gobierna es Perón y que es derrocado después de un bombardeo en la plaza de mayo que dejó más de 300 muertos?.
Sería interesante conocer los objetivos de este periodista para decir estas barrabasadas. Aunque no sería la primera vez que alguien encuentra “tergiversaciones” en algunos hechos históricos con alguna intencionalidad. Ni la última. Sobre todo si nos detenemos en algunos discursos políticos.
En torno a todo esto se puede pensar con qué facilidad se puede cambiar la historia. ¿Puede cambiar la historia? El pasado, en sí, no cambia. Podemos cambiar las interpretaciones. Las miradas. Y es bastante “cotidiano” por así decirlo. Entonces, la historia es dinámica. Elegir qué se cuenta. Cómo se cuenta, qué enfoque se toma. Siempre les explico a mis estudiantes cómo fuimos cambiando la mirada de nuestra historia. Primero la historia de batallas y grandes próceres (San Martin, Belgrano, Sarmiento,…).
Luego la participación de los sectores populares. Hace poco empezamos a conocer a las mujeres de la historia (Juana Azurduy, Maria Remedios del Valle, Martina Céspedes), En la actualidad, comunidades invisibilizadas, como los afro.
No cambió la historia argentina, pero cambian los ojos que miran ese pasado, ampliando las miradas, las perspectivas. También los propios posicionamientos políticos orientan la mirada de los historiadores. Y entendemos que dentro de la historia, mientras los hechos son objetivos, sus interpretaciones no.
HISTORIA Y POSVERDAD
Nos encontramos hoy en el mundo de la información. Podemos decir incluso que estamos sobreinformados. Y entre tanta información, la verdad pasa a un segundo plano. Hay una abrumadora cantidad de información, pero no hay calidad.. Estamos en la época de la posverdad: Ya no importa tanto la verdad, sino aquello que se adapta a lo que quiero creer*. Verdad a medias, o fake news…
Steve Tesich habla de ella, refiriéndose a casos de corrupción en un gobierno, y cómo el público actuaba de forma indiferente ante los mismos. En realidad no habla, habló, allá por los años 90. No, no, no era en Argentina.
En un artículo en la revista The Nation, Tesich habla de cómo, con el escándalo de watergate, el escándalo Irán – Contra (venta de armas a Irán que se encontraba en guerra con Irak, y la financiación de un grupo paramilitar nicaragüense) y la guerra del Golfo, la sociedad norteamericana había decidido “aceptar” las mentiras del gobierno, por ejemplo, con evidencias falsas para justificar su intervención en Irak (¿un dejavu?).
¿Qué pasaría en nuestro país, si se dieran una serie de escándalos en el gobierno, y la sociedad “decidiera” descreer de algunas verdades?
El autor Lee Mcintyre, en su libro ”Posverdad” menciona la influencia de este fenómeno en la democracia, cómo, uno de sus objetivos es poner en dudas el conocimiento científico, justamente para poder darle poder a la información falsa.
Explica cómo se pone en situación de vulnerabilidad al individuo, para así, hacerlo más propenso a creer la información que aparezca. Entonces, la verdad pasa a un segundo plano. Este fenómeno por el cual los gobiernos manipulan la verdad, tendría como objetivo principal evitar críticas o reproches a sus errores.
Internet y las redes sociales son los medios ideales para que las nuevas verdades, o mentiras, o fake news, sean propagadas indiscriminadamente y causen su efecto manipulador.
HISTORIA Y EDUCACIÓN
Nuestros adolescentes viven inmersos en el mundo digital, de las imágenes, y lo que más consumen, son videos. Estos son los medios ideales para la circulación de la información, que hoy les llega a través de las imágenes, lo llamativo, lo sintético, lo que no genera esfuerzo, ni consume tiempo. Son el público más propenso a caer en los encantos de esas “verdades”, tan maquilladas, tan edulcoradas.
Cuántos videos como el mencionado al principio, llegan a los adolescentes, sin filtro, sin supervisión y terminan formando una opinión pública sin fundamentos, sin fuentes. Cuántas veces cuando se indaga en las opiniones de los adolescentes las discusiones pierden fuerza por carecer de bases sólidas para sostener un relato que fue creado solo para divulgarse.
La tarea docente, es lograr en los estudiantes lo único que mueve al ser humano a buscar respuestas: La curiosidad, sembrada por la duda… Despertar en ellos una inquietud que los haga desconfiar de lo que ven, de lo que escuchan.
La misma noticia falsa puede transformarse en esa herramienta que los lleve a desconfiar de todo lo que ven y escuchan. Y así poder enfocarnos más en una educación con pensamiento crítico. Que la memoria no sea repetición sino reflexión y construcción. Como decía Freire, volvamos a pensar en una educación que enseñe a pensar, que se construya y nos libere.
En este contexto es indispensable que la verdad se revalorice, por encima de la relativización de la información.
*Profesora de Historia.
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