*Por Héctor Maciel
De Cutral-Co a los comedores barriales, los planes sociales sostuvieron lo que el trabajo formal dejó caer. Nacieron como respuesta a la exclusión neoliberal, pero también como forma de organización colectiva. El nuevo esquema que impulsa el gobierno promete reemplazarlos, la incertidumbre queda en el aire. En el medio, casi un millón de personas podrían quedar sin ingresos.
Pero, ¿qué son los “planes sociales o programas de empleo”? ¿Cómo nacen? ¿Es una buena política pública o es para promover “vagos”? Todas estas preguntas atraviesan a nuestra sociedad y han tenido distintas respuestas y valoraciones en el transcurrir del tiempo y de las épocas.
Los orígenes
A fines de los 90, cuando la política neoliberal de Menem-Cavallo, hacia estragos en la industria y ocasionaba una hiperdesocupacion (cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia), los trabajadores/as desocupados, abandonados a su suerte, tuvieron que organizarse y luchar por sobrevivir. En el año 1996/97 surgen las primeras luchas, que tiene como protagonistas a los despedidos de la privatizada YPF, allá en el lejano Cutral-Co (Neuquén) y simultáneamente en Tartagal (norte salteño). Luchas que marcaron un camino a los millones que iban quedando excluidos y se encontraban sin nada de nada. A pesar de la feroz represión, estas luchas lograron triunfar y así se conquistan miles de planes “Trabajar”, que había sido creado hacia un tiempo, pero su cobertura era mínima. Estos planes eran nacionales y establecían una remuneración de $200 (recordemos que era la época del 1 a 1) a cambio de una contraprestación laboral en tareas de infraestructura local, proyectos socio-comunitarios, etc. En Provincia de Buenos Aires, con los cortes de ruta en Mar del Plata, Matanza y otras zonas de la provincia nace el plan “Barrios Bonaerenses”, similar al “Trabajar”. Se intentaba con esa iniciativa frenar las luchas, los piquetes, que, en la desesperación y el hambre, miles de compañeros/as desocupados/as, habitantes de los barrios populares, venían protagonizando.
La estrategia Neoliberal
La estrategia neoliberal era entonces ajustar a fondo y, por otro lado, ceder paliativos ante el reclamo de trabajo genuino de millones de trabajadores caídos del sistema laboral. Esa estrategia continuó durante los distintos gobiernos que se sucedieron. Las organizaciones de desocupados y precarizados, que crecieron al calor de las luchas, se vieron obligadas a aceptar el sistema de ayuda precaria a través de los planes de empleo a sabiendas que no era la solución deseada, ya que la lucha era y es por trabajo genuino, formal, con derechos. Pero este paliativo ayudaba a sobrevivir y a unir y organizar a la masa creciente de excluidos y “descartados” que el régimen capitalista en su versión neoliberal iba generando. Paralelamente acompañaba esa estrategia, la demonización de las organizaciones sociales, “piqueteras”, político-sindicales de estos trabajadores excluidos. Se bombardeaba, desde los medios afines al poder, que los dirigentes de estas organizaciones eran “gerentes de la pobreza” y que, por otro lado, sus integrantes eran “vagos que no quieren trabajar”, “planeros” y hasta directamente “delincuentes” a los que había que aplicarles el código penal, etc. etc. Llegó la crisis del 2001, y el levantamiento popular, configura momentáneamente una unidad inesperada: las clases medias golpeadas por el modelo, se unían a los desocupados de las barriadas, bajo la consigna “piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Pero la gigantesca campaña de desprestigio, devino en la represión lisa y llana, la persecución judicial, y hasta el asesinato brutal de manifestantes como el caso de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en Avellaneda, compañeros en Ledesma, Jujuy, y otros casos en el interior del país.
La estrategia popular
De aquella debilidad de ser desempleado y excluido fue naciendo la fortaleza que da la lucha y la organización. Del “sálvese quien pueda” se pasó a la acción colectiva, a organizar proyectos productivos, armar cooperativas de trabajo, a desarrollar proyectos socio-comunitarios como comedores, merenderos, roperitos, lugares de cuidado, promoción de la salud, etc. Mención especial es el papel que tuvieron las organizaciones durante la Pandemia Covid-19, dando ayuda a los vecinos en la cuestión alimentaria, colaborando en la formación de los CBE, etc. Nadie les regalo nada. Todo se consiguió a fuerza de sacrificio, de dejar cuestiones personales para dedicarle tiempo a lo colectivo, y de mucha lucha. Lucha que es necesaria para ser visibilizados, para ser tenidos en cuenta, para que esta realidad de ser el “descarte” de estos proyectos neoliberales y del “mercado libre” tan pregonado, sea corregida.
Los Libertarios van por todo
El gobierno libertario, neoliberal y ultraderechista, actuando como la “fase superior del neoliberalismo” cambia la estrategia. Al asumir en 2023, empezó aplicando un brutal ataque a las organizaciones populares. Sin anestesia, quito todas las conquistas de un plumazo: Desfinanció y “dejo morir” todos los proyectos productivos que se desarrollaban a lo largo y ancho del país, cortó la obra pública en barrios populares que representaba mejoras e integración a los mencionados barrios y además daba empleo a miles de cooperativas constituidas por los mismos habitantes de los barrios, discontinuó la entrega de alimentos a comedores y merenderos mientras la mercadería se pudría en los depósitos. En lo salarial, discontinuó los llamados nexos (plus salarial para tareas específicas) y congeló el monto de los planes en $78.000 hasta el día de hoy ($2.600 por día). Con ese mazazo, intentaron hacer “desaparecer” a las organizaciones. Si bien las han debilitado mucho, aún se mantienen resistiendo.
La nueva mentira
Ahora han anunciado, que en abril es el último cobro del Salario Social Complementario (Volver al Trabajo), que van a cambiar el sistema de planes sociales, que rige desde hace aproximadamente 30 años, por un sistema de “voucher” (no depositan al trabajador sino a la empresa) para que estas empresas privadas capaciten organizando cursos (aún no se conoce ninguno). Hay que decir que esta medida deja sin ingresos a cerca de 950.000 trabajadrxs. Que a pesar de tantos ajustes y “motosierra”, muchos trabajan haciendo tareas de asistencia alimentaria, en tareas comunitarias, colaborando en los barrios, en ferias, changas, etc. Esta clausura representa una brutal transferencia desde los sectores populares a las grandes empresas. Unos 74 mil millones por mes que dejaran de circular por los circuitos económicos de miles de barrios, generando más caída del consumo, recesión, comercios cerrados, etc. Los “voucher” a empresas, será seguramente otro negocio para los amigos del poder, pero los “cursos” para las y los trabajadores, será otra decepción y otro engaño más. ¿Qué empresa empleara trabajadores que provienen de los programas sociales si hoy hay despidos a diario por obra y gracia del plan económico que privilegia el capital financiero y destruye la producción?
Conclusión
La ayuda social, los programas de empleo, las obras publicas a cargo de cooperativas populares son paliativos urgentes y necesarios, para mantener la paz social. Son políticas públicas de estricta justicia social. Si los planes económicos, impuestos por el FMI, generan exclusión y descarte, lo mínimo que corresponde es que el propio estado mantenga redes de contención para los más perjudicados por esas políticas. Los trabajadores empobrecidos, los sectores sociales más pobres y descartados por el proyecto libertario, retomando las experiencias de los 90, deberán encontrar los caminos para recuperar la justicia social. Con rumbo a la patria libre, justa y soberana con pan, tierra, techo y trabajo que de una calidad de vida digna a todas y todos los argentinos.
*Héctor Maciel es referente de la Corriente Clasista y Combativa de Mar del Plata.
